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El comercio afronta un nuevo frenazo en plena pugna por su supervivencia

Entre enero de 2018 y octubre de este año han echado el cierre 40.493 pequeños negocios, con el telón de fondo de la pandemia, la crisis energética, la guerra en Ucrania y los problemas estructurales del sector.

Salpicados a lo largo de la calle hay varios locales con el mismo cartel de color fluorescente en la puerta. El mensaje varía: a veces es «Se alquila»… otras veces es «Se vende». Luces apagadas, cierres echados, polvorientos y un silencio que se mantiene ya desde hace meses. La imagen es cada vez más habitual. En cualquier ciudad. En cualquier calle. Entre enero de 2018 y octubre de este año han cerrado en España 40.493 pequeños comercios. Los dos años previos a la pandemia de covid-19 ya fueron difíciles para el sector y algunos de los problemas que lo golpearon entonces se han convertido en estructurales. Entre enero y octubre, ambos incluidos, se han perdido 16.843 negocios en España. Han desaparecido a un ritmo como no se había visto antes, puesto que en 2020 -en el peor año de la crisis sanitaria- se vieron obligados a liquidar 10.086, de acuerdo con los datos que manejan las asociaciones de autónomos.

«Llegamos tarde para poner medicina a un enfermo que ya está prácticamente desahuciado», asegura Eduardo Abad, presidente de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA). La crisis financiera, primero, la pandemia después, los cortes en las cadenas de suministros, la factura energética, la inflación, la competencia feroz de los gigantes del comercio digital (Amazon, AliExpress, Shein…) y de las propias marcas -que hace décadas los tenían entre sus clientes prioritarios y ahora los relegan para vender sus productos en Internet al margen del comercio de proximidad, pero no de los grandes de la distribución- han dado la estocada a un buen número de estas micropymes.

En realidad los problemas para el sector se remontan a antes de 2008, cuando la proliferación -saturación en algunas provincias- de centros comerciales cambió por completo el mapa comercial. No todo han sido factores externos, explica Abad, a lo anterior se suma en muchos casos la falta de un plan de negocio claro o de un estudio serio de viabilidad antes de embarcarse en el proyecto de abrir una tienda. La vida media de un pequeño negocio en España no va más allá de los dos años y un 82% ni tan siquiera llega a cumplirlos, explica el presidente de UPTA.

Un mercado saturado y muy competitivo

La concatenación de crisis ha ido expulsado del mercado laboral a muchos trabajadores en la madurez. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en el tercer trimestre de este año (los últimos datos publicados) la tasa de paro entre los mayores de 55 años se situó en el 10,48%. Es la más baja desde el primer trimestre de 2009, está lejos del pico del 19,78% que llegó a alcanzarse entre enero y marzo de 2013 -en plena recesión tras la crisis de deuda soberana- pero sigue siendo muy elevada para un colectivo al que le resulta muy complicado reincorporarse al mercado laboral. Muchos de esos trabajadores en paro acaban optando por el autoempleo para poder subsistir.

«Los que montan un negocio llegan a un mercado saturado, con una oferta altamente competitiva y muy digitalizada», añade Abad, que apunta a la falta de formación como una dificultad añadida. Desde el propio sector explican que la edad supone uno de los mayores desafíos que encaran, aunque su perspectiva es otra: no se está produciendo el necesario relevo generacional. «Hay muchos comerciantes entre los 50 y los 60 años con hijos que han estudiado una carrera y que no van a seguir con el negocio familiar», explica Carlos Moreno, vicepresidente de la Confederación Española del Comercio (CEC), la más representativa a nivel nacional puesto que agrupa a un total de 435.000 comerciantes. 

«En 10 años puede desaparecer la mitad del pequeño comercio si no hay relevo generacional»

Moreno advierte de que si no se produce ese relevo, en diez años puede desaparecer la mitad del comercio de proximidad en España. Las cifras de afiliación a la Seguridad Social apuntan a que los cotizantes autónomos del comercio minorista, en su mayor parte pequeños comerciantes, sumaban un total de 494.816 el mes pasado (lo que implica que el sector ha perdido 11.423 afiliados en relación al mismo mes del año anterior, un 2,3%). En términos EPA, el comercio minorista emplea el 9% del total de ocupados y el 61,3% de los del comercio en conjunto. Más de la mitad son mujeres y ocho de cada diez trabajan a tiempo completo. 

El peso del sector no solo es relevante en términos de empleo, sino también en términos de su aportación a la actividad del país. De acuerdo con los datos de Contabilidad Nacional Anual de España, el comercio en general aumentó su peso en el PIB el año pasado hasta el 12,3% a precios de mercado, mientras que en ese mismo ejercicio el comercio de barrio aportó un 4,7% a la economía nacional. Se trata, por tanto, de uno de los termómetros más fiables para medir la marcha de la economía y, sobre todo, las expectativas de los consumidores. Esas perspectivas se han ido ensombreciendo a medida que ha ido pasando el año. 

Un termómetro del frenazo de la economía

«El frenazo de la economía se está notando», asegura Carlos Moreno, quien explica que las ventas han ido razonablemente bien hasta octubre en términos generales, que fueron mejores en los meses de verano en las zonas con más incidencia del turismo, pero que a estas alturas del año se nota un parón generalizado en muchos sectores. En principio, preveían un aumento de la facturación en el entorno del 5% en la campaña de noviembre (en el mismo mes del año pasado todavía había problemas de suministro de algunos productos por la escasez de contenedores a nivel global) y, sin embargo, esta cae más del 10% de media a menos de dos semanas de que concluya el mes. 

Incluso si se llegasen a adquirir una cantidad similar de productos a los de hace un año, la gente está comprando los más baratos o de calidad inferior porque con el aumento de la inflación ha mermado su poder adquisitivo, explican los comerciantes. Como ya sucedió hace una década, la demanda de marcas blancas, productos sin marca o marca ‘B’ se está incrementando. A la vez, se está produciendo un retraso en las compras de bienes duraderos. El vicepresidente de la CEC explica que solo el hecho de que el ‘Black Friday’ y el Mundial de fútbol coincidan en la misma fecha debería haber elevado las ventas de electrodomésticos un 20% este mes y, sin embargo, de momento caen alrededor del 15%. 

Que ese retroceso se produzca en el undécimo mes del año es muy significativo. En función del tipo de comercio, un 20% de los ingresos totales del ejercicio se juegan entre noviembre y diciembre, de ahí que la preocupación entre sus asociados sea evidente. El encarecimiento de la energía (que también les toca de lleno) y la guerra en Ucrania, unidas a la elevada inflación han llenado de nubarrones el panorama económico y el comercio a pie de calle es el primero en palpar esa incertidumbre. Los más optimistas confían ya en repetir las cifras de ingresos de 2021.

Fuente: lainformacion.com

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