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‘Superilles’, superengaño

Opinión. Luis Sans. Presidente de la Associació del Passeig de Gràcia.

En estos últimos meses de mandato, la alcaldesa quiere dar un impulso definitivo a su proyecto de superilles y planea extenderlas por casi todos los distritos. La propaganda municipal vende estos espacios –también el del Eixample– como idílicos, sin tráfico, con abundantes zonas verdes que propician el encuentro amable entre vecinos y
en los que florece el comercio de proximidad.

Sin embargo, la iniciativa suspende en la que supuestamente es su principal virtud: el fomento de una movilidad urbana más sostenible y eficiente. Que se expulsen los coches en unas calles no hará sino concentrar el tráfico en las vías aledañas. Ello supone pervertir el diseño de Ildefons Cerdà, quien imaginó una retícula de calles iguales a las que añadió unos pocos ejes, más anchos, para garantizar la permeabilidad.

Las ‘superilles’ son más aislamiento y menos actividad, el decrecimiento

La movilidad no se convierte en sostenible por cerrar calles al tráfico, sino por apostar por vehículos y transporte público no contaminantes. No todos los vecinos pueden ni quieren desplazarse en bici o patinete. Sorprende la escasísima proporción de taxis eléctricos, el freno al carsharing eléctrico o el haber troceado la concesión de motos compartidas entre diez adjudicatarias que no son compatibles entre sí. Al Consistorio le sobra ideología y propaganda, y le falta gestión.

El Eixample es mucho más que un distrito en el que vivir. En los bajos de sus edificios hay comercios, restaurantes y empresas de servicios. En sus pisos, además de viviendas, hay médicos, abogados, oficinas. Está variadísima oferta está al servicio de los vecinos, por supuesto, pero el 54% de los clientes de sus tiendas y restaurantes reside fuera del barrio. Complicando su llegada, solo conseguiremos que estos negocios sean menos viables.

Lo mismo puede decirse de la conectividad entre Barcelona y los municipios de la región metropolitana. Eliminar carriles de entrada o de salida, sin haber reforzado previamente el transporte público, es, simple y llanamente, una invitación a no venir. Las superilles también son eso: más aislamiento y menos actividad económica. Es el decrecimiento que los comunes siempre han propugnado.

Para completar todas las superilles previstas hasta el 2030, se requerirá una inversión de más de 1.000 millones de euros. Esto excede en mucho la capacidad inversora del Consistorio, y obliga a valorar si realmente compensa dedicar semejante cantidad de dinero a este proyecto.

Es cuanto menos sorprendente que los que llegaron al Consistorio alardeando de transparencia escondan ahora el coste y nunca lo mencionen en sus propagandas.

Quien seguro que va corto de presupuesto es Parcs i Jardins, que no da abasto con los nuevos espacios que se han ido generando. Además, su insuficiente personal recibe instrucciones de no eliminar las malas hierbas y de dejar un aspecto asalvajado, por lo que muchas zonas verdes lucen feas y descuidadas.

Curiosamente, los comunes, otrora defensores de la participación directa, no se han atrevido a someter el proyecto de las superilles a la consideración de toda la ciudadanía, sospecho que por miedo a que los ciudadanos les enmendemos la plana. Es más, ni el pleno municipal ha tenido la oportunidad de pronunciarse.

Se mire por donde se mire, las superilles son un superengaño.

Fuente: La Vanguardia

AGECU