Saltar al contenido

Tiendas ‘cool’ expulsadas del Rastro para convertirlas en pisos turísticos: «Cambiamos el barrio y los caseros recogen los frutos»

La sensación de desprotección de vecinos y comerciantes ha llegado a tal punto que han abierto una oficina de asesoramiento para denunciar pisos turísticos

Hace tan solo una década, las estrechas callejuelas que salen de la plaza de Cascorro —en el corazón del Rastro madrileño— constituían un pequeño Chinatown. Casi todos los locales eran tiendas mayoristas chinas de ropa: Complementos Moda Textil, los almacenes Feliz, el Rincón Oriental, Texcom S.L, Jian Dong Confección Textil… «La zona de Embajadores [el nombre administrativo del área] tuvo un boom importante. Todas las mercerías se convirtieron en tiendas al por mayor. Pero después se fueron a Cobo Calleja», recuerda Manuel Osuna, de la Asociación de Vecinos La Corrala. «Y a partir de ahí se convirtieron en bares muy modernos que te cobran cuatro euros por un café con corazoncito».

Entre 2013 y 2015 los negocios chinos empezaron a desaparecer. Los comerciantes se quejaban de las restricciones al tráfico —aunque las primeras se impusieron en la zona mucho antes, siendo Gallardón alcalde— y de las subidas del alquiler. «Cada día la situación comercial es peor», dijo el presidente de la Asociación de Comerciantes y Empresarios Chinos de España, Sengli Chen, en un artículo de la época sobre el tema. Chen explicó que la decisión de marcharse no fue colectiva, sino que cada uno abandonó por su cuenta: unos al polígono industrial de Cobo Calleja, en Fuenlabrada, y otros directamente de vuelta a su país.

Con el tiempo, las callejuelas se embellecieron. En la de Santa Ana, por ejemplo, desapareció una fila de aparcamiento que la convirtió en peatonal de facto. En La Ruda, que va de la parada de metro La Latina a Cascorro, los almacenes textiles fueron sustituidos por agradables comercios ‘boutique’: una oleoteca, una cafetería de especialidad, una joyería, una tienda de cerveza artesana, otra de bicicletas de marca japonesa… La zona adquirió otro color. Algunos de estos nuevos comerciantes se asociaron y crearon el Santa Ana Street Market, una «ruta de compras y ocio» dentro del propio Rastro en la que, una vez al mes, las tiendas salían a las calles.

Locales en la calle de la Ruda
Locales en la calle de la Ruda / A.P

Ahora, los mismos comerciantes que dieron una nueva vida al barrio están siendo expulsados. Los dueños de sus locales prefieren convertirlos en apartamentos turísticos. Esta semana, dos negocios han hecho pública su situación en redes sociales: La Oficial, una tienda de piezas de cerámica, y Mario Cruz, una tienda de ropa diseñada y fabricada en España.

«Ahora mismo tengo muchas ganas de matar a alguien, que se escuche», ríe resignado Cruz al hablar con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Se enteró de que sus caseros querían convertir el pequeño local (calle de la Ruda, 9) en un apartamento turístico de chiripa. «Primero me enviaron un burofax diciendo que su hijo estaba sin trabajo y quería montar un negocio. Una crepería. Me escribieron pidiendo venir a verlo», cuenta. «Aparecieron con un agente inmobiliario y este les dijo: aquí podéis sacar fácil entre 2.500 y 3.000 euros al mes en Airbnb. Ellos se quedaron pajizos porque lo dijo delante de mí».

En conversaciones posteriores, los caseros —una familia con este y otro local interior en el edificio de enfrente— confirmaron sus intenciones. A Cruz le cobran 1.200 euros por los dos: uno lo usa de tienda y el otro de almacén. «No puedes pedir más. Esto es una bocacalle, no llegan millones de turistas», dice. Entiende que mientras impere «la ley del dinero» tendrá que pasarse «la vida entera» mudándose de un sitio a otro, según el turismo vaya haciéndose con nuevas zonas.

«La transformación de este barrio empezó hace siete años y fue brutal», abunda. «Yo vivía aquí y cada temporada veía un local nuevo, otro… Por eso me quedé y por eso quería esta calle. Pero aunque haya habido evolución sigue siendo un barrio pobre. La gente ha invertido aquí, lo ha cambiado y ahora los caseros recogen los frutos».

El antropólogo y experto en turismo José Mansilla lo avisó hace años. «Los ‘hipsters’ no tienen la culpa de la gentrificación. Ellos solo actúan generando una ‘atmósfera’ que deviene en rentas monopólicas. En realidad, y aunque no sean conscientes, podríamos decir que trabajan para los dueños del suelo».

La Oficial, otra tienda que se tiene que marchar
La Oficial, otra tienda que se tiene que marchar / A. P

La Oficial anunció en Instagram que cerraba. «Solo le queda una semanita a nuestra tienda del Rastro. La van a convertir en apartamentos turísticos, una faena«, escribieron sus dueños, que prefieren no hacer declaraciones hasta no tener la resolución del contrato cerrada. La tienda tiene otro local en Chueca y, según se desprende de su ‘post’ en Instagram, sustituirá el del Rastro por otro nuevo. «Lo que nos podríamos tomar como un drama lo vivimos como una oportunidad de encontrar otro espacio que será LA LECHE».

El espacio del que echan a La Oficial está en el número 6 de la calle Santa Ana. Paradójicamente, antes de abrir ahí estuvieron en el local que hoy ocupa Mario Cruz. Se les quedó pequeño. El edificio de Santa Ana tiene cuatro locales comerciales, siendo el suyo el más grande: 202 metros cuadrados. De ahí, según las nuevas normas urbanísticas del Ayuntamiento de Madrid, salen cinco apartamentos, porque ahora tienen que tener un mínimo de 40 metros cuadrados, no como antes que se permitía bajar hasta 25.

Para convertir uno de estos apartamentos en piso turístico legal hace falta tener un acceso directo a la calle y pedir licencia, aunque la gran mayoría no lo hacen. Según los últimos datos facilitados por el Ayuntamientosolo hay 628 apartamentos turísticos con licencia en la ciudad, un porcentaje mínimo si tenemos en cuenta que hay 16.337 operando (cifras de Inside Airbnb). El distrito centro es el más saturado. En 2022, tal como informó este diario, el Ayuntamiento desmanteló el equipo de inspección de pisos turísticos y dejó los controles en mínimos.

La sensación de desprotección de vecinos y comerciantes ha llegado a tal punto que la Asociación de Vecinos La Corrala, junto a la Federación Regional de Asociaciones Vecinales, ha abierto una oficina de asesoramiento para denunciar pisos turísticos. «Al principio venían solo vecinos del Centro, pero ahora esto ya está tan explotado que ha llegado a Vallecas, Retiro, Arganzuela…», dice Osuna. «Convirtiendo locales en apartamentos turísticos no solo te cargas el comercio de barrio, sino que dejas las calles desiertas y creas inseguridad. Siempre está bien tener un comercio abierto».

«Cuando vean que se ha desaparecido en los barrios, se echarán las manos a la cabeza y querrán volver atrás», concluye Cruz. «Pero entonces ya se habrán cargado a medio mundo».

Fuente: epe

AGECU - Asociación Española para la Gerencia de Centros Urbanos