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El comercio local de A Coruña lanza un SOS: «Las tiendas de siempre van a morir porque nadie quiere heredarlas»

Una generación entera de tenderos se jubilará en los próximos años, teniendo que echar el cierre a locales, algunos centenarios, que no tienen nuevo dueño a la vista

Dicen que el papel se está muriendo, pero en lo que dura un pitillo Marisol dispensa cinco ejemplares de diferentes periódicos. Y eso que es viernes, que no es el día de gloria de la prensa escrita. En plena polémica por la reducción de la jornada laboral, esta mujer trabaja 70 horas a la semana. Lleva abriendo su quiosco todos los días desde hace 36 años con dos excepciones: su luna de miel y el ingreso de su hijo en el hospital. En total ha estado lejos de su negocio de A Gaiteira un mes. A punto de cumplir 61 años, ahora ve su jubilación en el horizonte y empieza a lamentar que tras tanto esfuerzo y tiempo invertido, nadie vaya a quedarse con un local al que ella le debe prácticamente todo. «Yo soy feliz aquí entre revistas, pero no hay mucha gente así y no creo que nadie quiera heredar el quiosco. Mi hijo tiene 32 años y tiene su trabajo, y una persona externa me extraña que quiera echar tantas horas; porque un quiosco pide eso: estar presente mucho tiempo porque no hay grandes ventas, es más un goteo constante de productos de 2 euros».

El caso de Marisol no es excepcional en A Coruña, al revés. Los últimos baby boomers crecieron entendiendo que el sacrificio llevaba a la estabilidad. Y la estabilidad representaba la máxima aspiración de una generación marcada por el temor a esos reveses que habían moldeado a sus padres. El sesgo de género obligaba a las mujeres a duplicar esfuerzos, sobre todo a aquellas que nunca conocieron el verbo conciliar. Muchas de las tiendas y locales más emblemáticos de la ciudad están regentados por quienes tienen un pie puesto en la casilla de salida, que temen que el comercio tradicional pierda el peso que tiene hoy en la ciudad porque los más jóvenes no se plantean dedicarse a este tipo de trabajos.

Isabel Anidos está al frente de un local que vio la luz en 1896. El Riojano va por su quinta generación, las tres últimas pertenecientes a la misma familia, pero no parece que vaya a tener relevo alguno. «Me da mucha pena», lamenta la actual propietaria de este ultramarinos. Esta tienda del Orzán especializada en bacalao es más que probable que eche la verja en cuanto ella se jubile. Nadie de su entorno familiar está interesado en seguir con el negocio, y le extraña que alguien quiera el traspaso. «Yo misma heredé el Riojano de mi tío, en parte por una cuestión sentimental para que no tuviera que cerrar». Pese a que se quedó con esta tienda más por una cuestión sanguínea que de rentabilidad, Isabel reconoce que en los últimos años este tipo de tiendas de barrio están recuperando fuelle. «Cada vez vienen más jóvenes a comprar, sobre todo en las épocas de campaña como puede ser Navidad o Semana Santa, pero no veo que ya nadie quiera dejarse la piel en estos empleos, como ocurría antes». 

Según un informe de la OCDE, la mitad de los jóvenes entre 25 y 34 años disponía de un título superior en el 2021. Esto no les exime de una precariedad que asfixia a buena parte de la generación Z y los millennials; precariedad que también impide que esos pocos interesados en mantener con vida una carnicería o una ferretería se lo tengan que pensar dos veces por carecer de un colchón económico que les avale. 

Las mercerías viven un buen momento. Pero no lo suficiente para que muchas de ellas puedan seguir vivas en el medio plazo. Begoña tiene 59 años y es la dueña de Nácar, en la avenida de Oza. Indica que no tiene hijas, en femenino, y que cree que a su nuera «no le interesa». Aun con el revival de las labores de costura y la conciencia por devolverle al comercio local su lugar, esta mujer de 59 años ve oscuro el futuro de su tienda. «Al final es como un hijo, y da mucha pena, pero creo que los jóvenes tienen otras inquietudes laborales, por eso intentaré aguantar todo lo que pueda», remata. 

Eddie Díaz, propietario del bazar La Luna, en A Coruña

Eddie Díaz, propietario del bazar La Luna, en A Coruña CESAR QUIAN

 Eddie Díaz hace hincapié en este aspecto. «A las nuevas generaciones les atraen otras cosas; quieren más libertad horaria, viajar, y no atarse a un trabajo», todo lo contrario a lo que permiten estos negocios, aunque para este empresario, no sea un problema. Propietario de La Luna, ese bazar de electrónica, fotografía, vídeo y artículos de regalo, tiene claro que «la tienda de barrio va a desaparecer», entre otras cosas, porque «los jóvenes ya tienen una manera de entender el comercio distinto, compran lo que necesitan desde el sofá a las doce de la noche».

El comercio online es el elefante en la habitación que tan solo menciona Eddie, pero que desgasta a esos emprendedores que pasan sus días detrás del mostrador. Antes que imaginarse bajando la verja del que es su trabajo y su hobbie, Díaz prefiere la filosofía de «hasta que el cuerpo aguante», pues sabe que en su familia, en principio, no hay donde rascar para seguir con el negocio. Con todo, avisa a sus clientes: «Mientras yo esté aquí el cliente se sentirá a gusto, y aún me queda».

Fuente: La Voz de Galicia

AGECU - Asociación Española para la Gerencia de Centros Urbanos