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Caminar para comprar, ¿una costumbre en desuso?

¿Cómo afectan las compras por internet a nuestra disposición para caminar hasta las tiendas?

¿Dejamos de acudir a las tiendas físicas porque ahora compramos por internet? ¿Puede este nuevo hábito ser un motivo de cierre de los establecimientos físicos en nuestras calles? ¿Qué colectivos son más propensos a acudir a las tiendas físicas?

Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) en España y del Instituto de Investigación Socio-Económica de Luxemburgo (LISER) han analizado cómo el consumo online ha afectado a nuestra disposición a visitar las tiendas físicas y el impacto que puede tener en ellas.

Tomando como modelo la ciudad española de Zaragoza, los investigadores de la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos de la UPM analizaron los efectos espaciales de cómo la frecuencia de compra por internet afecta a la disposición de los consumidores para caminar más o menos tiempo con el objetivo de visitar las tiendas físicas. Para ello, en el año 2020, distribuyeron una encuesta entre la población de la capital aragonesa.

“Nuestro objetivo era realizar un análisis estadístico, mediante modelos de regresión, de la relación existente entre la frecuencia de compra por internet y la disposición que tenían los consumidores para acudir caminando a las tiendas físicas. Basándonos en estos datos, cartografiamos la accesibilidad para el año 2020 y proyectamos la accesibilidad para el año 2030 mediante escenarios exploratorios”, explica Julio A. Soriano Lara, uno de los investigadores firmantes del trabajo.

Accesibilidad caminando al comercio diario en Zaragoza durante 2020. (Imagen: UPM / LISER)

Aunque es cierto que las compras por internet afectan al paisaje comercial de las ciudades, pudiendo llegar a tener un impacto negativo sobre el pequeño comercio, los resultados del estudio muestran que la salud de la tienda física no estaría en riesgo, al menos a medio plazo.

“Una parte de los encuestados se definían como “showroomers” y especificaban que solían visitar los establecimientos para ver el producto físicamente antes de comprarlo por internet, por lo que las visitas a las tiendas siguen produciéndose”, añade.

El trabajo también muestra ciertas diferencias entre los comercios de consumo diario (comida, suministros, etcétera) y los que son de visita no diaria y destaca que, al margen del comercio electrónico, también hay otros factores que condicionan la predisposición de los consumidores a desplazarse a pie hasta las tiendas.

Por ejemplo, las personas con un alto nivel educativo tienden a tener menos tiempo para llegar a ambos tipos de comercio minorista.

No obstante, pese a que las tiendas físicas siguen teniendo cabida, para los investigadores este nuevo hábito de compra sí podría conllevar una exigencia para el comercio tradicional que puede verse obligado a reconvertirse o especializarse más para seguir contando con clientes potenciales. Los resultados deberían además ser utilizados con el objetivo de favorecer la movilidad peatonal en las ciudades para fomentar que poblaciones menos propensas al comercio electrónico, como los mayores, puedan acceder de un modo más cómodo a los comercios.

“Es importante proveer a las ciudades de una adecuada infraestructura peatonal, además de otro tipo de acciones como generar rutas comerciales y rediseñar los espacios públicos para hacerlos más atractivos”, concluyen los investigadores que consideran que este trabajo, puede aplicarse al diseño de los barrios para hacer que la movilidad peatonal se vea reforzada.

El estudio, cuyo primer firmante es Aldo Arranz-López del LISER, se titula “Does shopping increase walking time willingness to reach in-store locations? Exploring the spatial effects”. Y se ha publicado en la revista académica Transportation Planning and Technology. (Fuente: UPM)

Fuente: noticiasdelaciencia

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