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«¡Egun on cuadrilla!» La frutera de Bilbao que marca estilo con sus vídeos en Instagram

Conchi Cruz se ha ganado a la clientela con sus simpáticas apariciones en esta red social. «El otro día me reconoció una chica por la calle», se sorprende

Conchi Cruz se puso por primera vez detrás de un mostrador cuando tenía tan solo nueve años y ya nunca se ha vuelto a separar de él. Ahora, con 53, está al frente de la frutería Conchi y Edorta, ubicada en Fernández del Campo número 24, donde se esmera por ofrecer productos de calidad y mostrar en Instagram todas las posibilidades creativas que ofrecen las frutas y las verduras. El camino para llegar hasta aquí comienza en los años 70, cuando su madre se separó y se quedó a cargo de sus cinco hijos. «Empezó a vender plátanos en Barakaldo, donde vivíamos, y como tuvo éxito después se animó con más piezas de fruta», recuerda. Por circunstancias de la vida, su madre decidió trasladarse a Bilbao y empeñando hasta sus joyas consiguió alquilar una lonja en la calle Iturriza en el año 1979 para seguir con el negocio. «Menos mi hermano pequeño, allí trabajábamos todos. En aquella época, a nadie le parecía extraño que no fueras al colegio. Aunque luego, ya de adolescente, me saqué el graduado», explica.

Yvonne Iturgaiz

Fue en la frutería de Iturriza donde Conchi aprendió todo lo necesario para llevar un negocio. «Yo hacía de todo: descargaba, colocaba, atendía… Mi madre era una vendedora nata. En el momento, no eres consciente, pero con el paso de los años me di cuenta de que había aprendido todo gracias a ella», cuenta emocionada. Allí pasaron muchos años, pero su madre quería trasladarse a Fernández del Campo. «Le gustaba esta calle: en esos tiempos era una zona comercial que tenía todo tipo de comercios, pero había pocas lonjas disponibles y además eran caras». Finalmente, consiguieron su sueño y estuvieron en dos ubicaciones diferentes en la misma calle antes de llegar a la actual, que abrió sus puertas en 2007.

Para entonces, la madre de Conchi ya se había retirado y junto con su marido Edorta Mediavilla, que había trabajado durante años como cámara de televisión, se lanzaron con una nueva línea de negocio. «Al principio, pensamos en vender fruta tipo almacén, como yo había hecho durante años, pero al cambiar la decoración y darle un aire nuevo al local, vimos que no pegaba», recuerda. Así que decidieron apostar por frutas y verduras ‘gourmet’ y por la venta en mostrador en vez de en autoservicio, que se extendía cada vez más. «Queríamos diferenciarnos. Era complicado competir con las fruterías de siempre y los inicios fueron duros. En apenas dos meses, perdimos el 80% de la clientela», reconoce. Sin embargo, nunca decayeron ni el ánimo ni las ganas, como tampoco la decisión de apostar por la calidad, convencidos de que finalmente saldrían adelante.

Clientela joven

Casi 17 años después, Conchi se siente plenamente satisfecha con su decisión y, todavía más con la clientela que ha ido atesorando. «El 90% es gente joven, porque al contrario de lo que se piensa, les gusta comer buenos productos y tener además una atención directa», recalca. A Conchi le encanta tejer lazos con las personas que entran a la frutería, asesorarlos, darles recetas o incluso recomendarles un libro. «Conoces a gente maravillosa y a lo largo de los años creas mucha confianza: te van contando sus vidas y tú les cuentas la tuya», reconoce entre risas. Para ella, ese es el gran encanto del pequeño comercio, aunque tienen claro que en un futuro no muy lejano desaparecerá de las ciudades. «Hay supermercados por todas partes y cada vez menos tiendas de este tipo. A veces mi marido y yo pensamos: ‘¿Dónde vamos a comprar estos productos tan buenos cuando nos jubilemos?’», comenta riendo.

Conchi y Edorta también son conscientes de que tiene que existir oferta para todos los públicos. «No todo el mundo puede permitirse comer buena fruta, como ocurre también con el pescado o la carne. Y no pasa nada», asegura. En su frutería, sin embargo, ofrecen productos de calidad, la mayoría procedentes de baserri, «aunque si no se puede, también tenemos que comprar de otros países, dependiendo de la temporada». Como muestra de la calidad, Conchi nos enseña unos tomates cherry Lobello, «con un gran sabor que equilibra el dulzor y la suavidad», las mandarinas tipo Orri o la fresa Cleta de Huelva. El encargado de la compra suele ser Edorta, «que con la experiencia de los años ya conoce muy bien los productos y tiene ya la confianza de los vendedores. ¡Además, es un gran cocinero!», cuenta orgullosa.

Las originales composiciones que Conchi hace en Instagram con sus frutas y verduras.
Las originales composiciones que Conchi hace en Instagram con sus frutas y verduras.
Frutera… e ‘influencer’

Para Conchi, la frutería también ha supuesto una forma de volcar su innato espíritu creativo, no solo en los llamativos escaparates y en la decoración interior, sino también en las redes sociales. «Antes de la pandemia iba a clases de pintura, pero luego lo dejé y mi hijo Arkaitz me insistió en que abriera una cuenta de Instagram», explica. De forma autodidacta, fue aprendiendo los trucos de la famosa red social y colgando fotos y ‘reels’, primero con medios básicos y ahora ya con una luz profesional y un móvil de mayor calidad. Conchi marca estilo. Y también a la hora de vestir. Es habitual verla con prendas coloridas, calcetines originales llenos de dibujos y divertidos pendientes con motivos de frutas. Sin duda, es la frutera más ‘fashion’ de Fernández del Campo.

Yvonne Iturgaiz

En sus publicaciones de Instagram, combina de una forma muy original sus esplendorosas frutas y verduras con libros, máquinas de escribir, ramos de flores, portadas de revistas… Y siempre saludando a sus más de mil seguidores con la frase «¡Egun on cuadrilla!», porque los siente ya como de la familia. De hecho, en septiembre, al volver de las vacaciones, se le ocurrió lanzar unas bolsas de tela en las que aparecen varias personas abrazadas y el mensaje: «Soy de la cuadrilla». «Está dedicada a nuestros clientes y ha gustado mucho, porque ya hemos sacado la segunda edición». Las vende por cinco euros en su frutería. «Si vienes de buen rollo, puedes pasar», reza el cartel de la entrada. Y con Conchi el buen rollo está asegurado. «Nunca pensé que nos iban a llegar clientes por las redes sociales ni lo pretendía, pero nos pasa cada vez más. Y hace poco una chica me preguntó muy emocionada en plena calle si yo era la frutera de Instagram y la verdad es que me hizo mucha ilusión decirle que sí».

Fuente: El Correo

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