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La caída persistente del consumo amenaza el futuro de las pescaderías

Un sector en dificultades por el cambio de hábitos

Han cerrado una de cada cuatro en Catalunya en los últimos seis años

Una tormenta perfecta amenaza el futuro de las pescaderías en Catalunya y en el conjunto de España. Los datos son preocupantes: en Catalunya han desaparecido uno de cada cuatro establecimientos en los últimos seis años, según un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) elaborado bajo encargo del Gremi de Peixaters de Catalunya. “Nos hemos quedado sorprendidos con los resultados. Ya sabíamos que estábamos mal, pero no a este nivel”, lamenta Àlex Goñi, presidente del Gremi.

El colectivo lucha para mantenerse a flote ante la llegada de distintas amenazas, algunas compartidas con el pequeño comercio, en general. Según el Gremi, las pescaderías de barrio están siendo víctimas de la feroz competencia de los supermercados, la caída del poder adquisitivo del consumidor, un cambio de hábitos alimentarios, la falta de relevo generacional, la elevada burocracia y la presión fiscal.

Es significativo como entre precios elevados y cambio de costumbres, como cocinar menos en casa u optar por platos sencillos, el consumo de pescado ha caído más de un 10% en los últimos diez años tanto en Catalunya como en España.

Descenso del consumo del 10% en 10 años

“Estamos abocados al cierre definitivo si no remontamos el negocio en un año. Los márgenes son muy bajos y los ingresos no tienen nada que ver con los que obteníamos hace unos años”, lamentan Manel Tort y Maria Redrado, un matrimonio que regenta la última pescadería abierta en el barrio del Poble-sec, donde hace décadas había seis establecimientos.

El fenómeno se hace extendible a todo el territorio. En Catalunya, han desaparecido el 24% de los puntos de venta entre 2015 y 2021, los últimos resultados disponibles que rebajan a 1.473 la cifra de pescaderías abiertas en esta comunidad. La caída no se entendería sin conocer las características del gremio, formado por una red de microempresas, que emplean de 3 a 4 trabajadores y facturan alrededor de medio millón de euros al año. Su situación es cada vez más precaria. “Habíamos llegado a tener tres pescaderías pero la crisis financiera y la exigente normativa nos obligó a bajar la persiana de dos establecimientos. No era rentable y menos si teníamos que contratar trabajadores asalariados. Entonces el negocio sería la ruina absoluta”, lamenta Tort.

Según el Gremi de Peixaters, no es razonable que las pequeñas pescaderías de barrio tengan que afrontar las mismas exigencias legales que las grandes cadenas de supermercados. “Estamos sometidos a la misma burocracia y los mismos controles sanitarios. Es un agobio. Cada día tenemos que apuntar la temperatura de las neveras y compartir los productos de limpieza que utilizamos en nuestra tienda”, asegura el pescadero, quien recuerda que la normativa es más exigente en el caso de tener trabajadores asalariados ya que obliga, por ejemplo, a tener vestuarios en locales donde el espacio suele ser reducido.

Tal y como refleja el gráfico, extraído del informe del CSIC, los supermercados van ganando cuota respecto a las pescaderías tradicionales, que hace años que representan menos del 20% de la venta de pescado al consumidor final.

Los hábitos de los jóvenes han cambiado

La burocracia no es el único motivo que explica este fenómeno. “Es imposible competir contra establecimientos que abren 12 horas al día y que tienen recursos para contratar personal para abrir incluso los domingos”, lamenta Tort, quien reclama más control horario no solo para competir bajo las mismas condiciones sino para conciliar a nivel familiar.

El comercio de pescado al por mayor también comparte estas preocupaciones. Àngel Máñez, presidente del Gremi de Majoristes del Mercat Central del Peix de Mercabarna, alerta del daño que provocan las grandes cadenas: “Tienen más poder para negociar y han empezado a prescindir de distribuidores como nosotros. En los últimos años, nos consta que ya van directamente a negociar con las lonjas de pescado del norte del país y del extranjero”.

Máñez asegura que en los últimos diez años, Mercabarna ha visto desaparecer 15 distribuidores y que ahora solo operan 28. “El nuestro es un trabajo duro, que implica pasar frío y mojarse durante altas horas de la madrugada. Por eso, no hay relevo generacional”, razona el empresario, compartiendo esta reflexión junto a los propietarios de pescaderías de barrio.

El gremio pide menos controles y más regulación horaria para enfrentarse a los supermercados

El cierre de empresas vinculadas al pescado no se entendería sin hablar de los precios del producto. Algo rebajada la inflación después de unos años muy disparada –en el 2023, el IPC del pescado fue del 4% respecto al 10% del 2022– Goñi admite que “la percepción que tienen muchos consumidores es que el pescado es un producto caro”.

Sin embargo, el presidente opina que “esto no es del todo cierto ya que hay variedades que son asequibles para todos los bolsillos”. El problema, sostiene, es que el consumidor desconoce cada vez más la oferta disponible. “Es muy habitual que el consumidor que acude a la pescadería solo pida salmón, rape y merluza, pescados que precisamente no se encuentran entre los más asequibles”.

Al mismo tiempo, el colectivo reconoce que la caída del poder adquisitivo del consumidor, especialmente el joven, es una amenaza para un producto que nunca ha sido barato, si se compara con proteínas animales, como el pollo. Por este motivo, el Gremi reclama una bajada del IVA, que ahora se sitúa en el 10%. “Debería ser considerado un producto de primera necesidad y estar gravado con el 4% o incluso estar exento, como ha sucedido con el pan”, apunta Goñi.

Al sector también le amenazan factores sociológicos, como un cambio de hábitos de la población trabajadora. “La gente cocina cada vez menos en casa y cuando tiene tiempo libre prefiere ir de restaurante o elaborar platos sencillos”, lamenta el presidente del Gremi, que celebra las campañas de las administraciones que fomentan el consumo de pescado y el comercio de proximidad.

La caída del poder adquisitivo y el cambio de hábitos de la población han provocado que el consumo de pescado se haya reducido de forma paulatina a lo largo de la última década. Tal y como refleja el gráfico, el consumo anual de pescado se sitúa por debajo de los 160.000 kg en Catalunya, una caída de más del 10% en la última década. En España, el consumo fue de 887.448 millones de kg en el 2022, un descenso del 15% si se comparan los resultados del 2021, según los últimos disponibles del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La rebaja del IVA del 10% al 4% ayudaría a rebajar el precio de un producto considerado caro

A pesar de ello, España sigue apareciendo entre los países donde más se consume pescado de todo el mundo, compartiendo el podio del top 10 (varía en función de distintos rankings consultados) junto a países como Japón, Noruega, Islandia, Portugal, Maldivas o Corea del Sur. Con los datos sobre la mesa, que reflejan la caída del consumo y el cierre de pescaderías, parece que no seguirá siendo así por mucho tiempo.

Fuente: La Vanguardia

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