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Mercadona vence a la frutería: el consumidor español se aleja del pequeño comercio y compra cada vez más fresco en el supermercado

Las estadísticas de Kantar perfilan un cliente más volcado que hace diez años en su cadena de referencia y que gasta más en ella, un escenario que preocupa en gran medida a la pyme: «Lo pagaremos en calidad de vida muy pronto»

Dicen las estadísticas que maneja Kantar que España ha perdido 200 millones de actos de compra en los últimos 10 años. Si en 2014 una persona iba a comprar 264 veces al año (en números redondos, cinco veces a la semana), en 2024, la media son 231 (poco más de cuatro). Ahora bien, cuando esta misma comparativa se hace sin tener en cuenta el producto fresco, la cosa cambia: los actos de compra y el número de veces que acudimos a las tiendas a lo largo del año permanece prácticamente estática. Es decir, que al supermercado vamos igual, pero, en cambio, visitamos cada vez menos el pequeño comercio o tienda independiente.

“Lo que está pasando es que hace 10 años que el canal tradicional (charcuteríaspescaderíascarniceríasfruterías tiendas de barrio en general) está perdiendo peso”, aseguraba hace unas semanas la directora de compras y medios de Kantar WorldpanelMayte González. De acuerdo con la información que posee esta compañía, el producto fresco adquirido en un establecimiento especializado supone ahora un 17% de la compra, cuando una década atrás era casi una cuarta parte (24%). “Esto es prácticamente lo que ha crecido también en el canal dinámico, en superficies como hipermercados o supermercados”, completa esta experta, que da gran importancia a esta tendencia porque el producto fresco se lleva casi 6 de cada 10 euros del presupuesto destinado a alimentación en un hogar.

De hecho, actualmente se cuentan casi un 10% más carritos en el supermercado con producto fresco. “Las cestas medianas y grandes están adquiriendo mayor importancia, y esto viene muy vinculado al canal, porque estamos acudiendo a canales que nos permiten, por la variedad de productos que tienen y la variedad de referencias, llenar más nuestra cesta y hacerla más completa”, remataba González, concretando que lo que llama ‘canal dinámico’ acapara el 75% de las compras.

No solo eso, sino que, además, el consumidor se ha volcado todavía más en las marcas que le son más recurrentes, con Mercadona a la cabeza. Los datos de Kantar apuntan a que hace esta misma década, el 70% del gasto se concentraba en tres cadenas, como mucho, y ahora este porcentaje ha subido al 75%. “La enseña preferida de cada hogar, hoy es más preferida y destinamos más gasto en ella que hace 10 años”, resume esta experta. 

La visión de fruteros, verduleros y carniceros

«Los grandes operadores están imitando o intentando aproximarse el máximo a la venta que se da en el mercado o en la tienda de proximidad», reflexiona el presidente del Gremi Provincial de Detallistes de Fruites i Hortalisses de BarcelonaConstantino Mora. «Evidentemente, esto nos repercute», admite este portavoz, quien, sin embargo, resta peso al problema. Según su punto de vista, este es un sector muy cíclico, que ya ha vivido momentos de ardua lucha con la gran superficie y que ahora se encuentra en un momento relativamente bueno en cuanto a su relación con el consumidor. «Nos estamos poniendo las pilas», asegura Mora, que habla de horarios más acordes a una sociedad que cada vez tiene menos tiempo para ir a comprar y de una especialización contra la que no puede luchar el gran supermercado. «Nuestros negocios suelen ser familiares y muy especializados, y eso nos salva del resto», remata.

Tampoco el Gremi de carnissers i Xarcuters Artesans de Barcelona i Comarques se siente del todo identificado con el retrato que esculpen los datos de Kantar. El presidente de esta unión de empresas, Antoni Gálvez, defiende que este tipo de negocios han hecho un esfuerzo colosal por modernizarse y adaptarse a la clamorosa demanda de comodidad del cliente: pedidos por Whatsapp, entrega a domicilio, tiendas con aplicación… Gálvez pone su carnicería como ejemplo, donde una tercera parte de los dependientes se dedica exclusivamente a atender pedidos hechos con antelación.

«Lo que ha cambiado es que los precios se han disparado y los sueldos han subido, pero no al mismo ritmo, así que el cliente busca un producto más barato, pero que siga siendo de confianza», explica este pequeño empresario. «La gente sabe lo que quiere, nos hemos vuelto más exigentes, preferimos dos trozos buenos de carne que cuatro de dudosa procedencia«, asegura el carnicero, que subraya que los grandes problemas del sector no son la falta de público, sino la burocracia y la falta de relevo generacional. «No encontramos gente que quiera venir a trabajar a una carnicería –denuncia–. El resto es solucionable», concluye.

Advertencia de las pymes

Sea realista o no, un escenario de hipotética desaparición del pequeño negocio es de lo que más preocupa a Pimec Comerç, la vertical de comercio dentro de la patronal catalana. Precisamente, su flamante presidente, Antoni Torres, se ha propuesto como objetivo de «legislatura» divulgar el impacto que el cierre de estas empresas provocan en una ciudad. «Pregúntale a un municipio que no tenga ningún comercio [según sus datos, el 10% del total en Catalunya]», advierte Torres, que piensa tanto en el impacto medioambiental (tener que coger el coche para todo, mayor uso de plástico por la gran cantidad de envases…), como en el acceso a alimentación saludable.

«¿Qué queremos? ¿Comer sano para tener menos enfermedades cardiovasculares y que nuestra expectativa de vida sea mejor o una vida más cómoda? –se pregunta este portavoz–. No pasa nada, pero lo pagaremos en calidad de vida muy pronto«. Su argumento final es el tentempié que supuso el covid. «Hay muchas ciudades europeas que hoy son auténticos desiertos. Nos tenemos que preguntar, ¿es esto lo que me gusta cuando salgo de casa?», reivindica.

Fuente: El Periódico

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